Castillo de Montjuic

Un “farell” o atalaya medieval destinada a informar mediante señales de la proximidad de todo navío, fue la primera construcción que ocupó la cima del llamado “Mont Judaicus”, situado al SO. de la ciudad de Barcelona.

En 1640 la montaña de Montjuïc conoció su primera fortificación. En treinta días se construyó un fortín de tierra con revestimiento de piedra y barro en forma de cuadrilátero y con cuatro baluartillos adosados en sus ángulos.

De 1694 datan las obras que convertieron el fortín de Montjuïc en un castilo cuya planta ocupaba toda la parte llana de cumbre. La pequeña fortificación precendente quedó como reducto interior. Formaron el Castillo tres baluartes mirando hacia tierra y un dilatado frontis rectilíneo, o mejor dicho, una línea de dientes de sierra mirando al mar.

En 1753 el notable ingeniero militar Juan Martín Zeremeño hizo derruir el antiguo fortín de 1640 y acabó de dar forma al conjunto de las fortificaciones, modificando unas, construyendo otras, dotándola de servicios y cisternas, una de ellas de agua potable; todo ello ajustado a los sistemas de defensa concebidos por Vauban.

A finales de marzo de 1779 se terminaron los desmontes y formación de los glacis, la plazas de arma del Castillo cubierto y sus traveses, todas las explanadas de las baterías y la cubierta de los pabellones de oficiales.

Se colocó un entrepiso de madera en los dormitorios de la tropa para instalar en ellos doble número de hombres, y se instaló roperos y armeros. Se construyeron cocinas y hornillos para 3000 plazas. En agosto de 1779 se finalizó la obra, tomando el Castillo el aspecto que mantuvo a lo largo del siglo siguente y que ha conservado con ligeras modificaciones hasta la actualidad.

Fue cedido a la ciudad el 6 de mayo de 1960 siendo condicionado como Museo Militar.